Balneario
Colec. Tuduri
Desde
que Isabel II decidió tratar su herpes en las aguas de la playa
donostiarra, los balnearios pasaron de ser casas de cura donde se
ofrecía a los pacientes techo y comida, a ser elegantes hoteles
de acogida a un turismo de élite. Veranear fuera del lugar
de origen pasó a ser una cuestión de status.
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